
Sophia


Volumen 22 número 1 2026
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Artículo de investigación
Fátima Díaz-Bambula1*
, Guillermo Murillo-Varg1
, Angélica María Londoño-Moren1 ![]()
1Universidad del Valle, Cali. Colombia.
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Díaz-Bambula, F., Murillo-Vargas, G., Londoño-Moreno, A.M. (2026). Inserción laboral de recién graduados de instituciones de educación superior en Colombia. Sophia, 22(1). https://revistas.ugca.edu.co/index.php/sophia/article/view/1616
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Esta obra está bajo una Licencia Atribución/Reconocimiento 4.0 Internacional. Sophia. Copyright 2026. Universidad La Gran Colombia.
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En la actualidad, el mundo del trabajo se caracteriza por una marcada incertidumbre y por ofrecer, a menudo, oportunidades de acceso escasas y precarias. Este panorama se ve intensificado por la creciente flexibilidad e inestabilidad laboral, sumada a la expansión del sector informal en la región (Garabito, 2012). En este contexto, las economías de América Latina y el Caribe enfrentan una situación compleja donde la convergencia de múltiples crisis amenaza con agravar sus problemas estructurales ya existentes. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Organización Internacional del Trabajo (2023), la región enfrenta diferentes desafíos como las altas tasas de informalidad laboral, brechas de género significativas y una insuficiente generación de trabajo de calidad, afectando a poblaciones como jóvenes, migrantes, personas mayores, personas en situación de discapacidad, población rural, entre otros.
Específicamente, la inserción laboral juvenil emerge como una problemática global. La OIT (2024a) señala que, incluso antes de la pandemia, la tasa global de desempleo juvenil triplicaba a la de los adultos. Para 2023, se estimaba que 65 millones de jóvenes estaban desempleados y un 20.4% se encontraba en situación NINI (ni estudia ni trabaja). En el caso de Colombia, esta tendencia se replica y agudiza; para el trimestre marzo-mayo de 2025, aunque hubo leves mejoras, la tasa de desocupación juvenil se situó en un 15.7%, cifra que supera el promedio nacional (DANE, 2025). Esta situación ha generado, por un lado, una proliferación de políticas gubernamentales enfocadas en el empleo y la educación con énfasis en la población juvenil; y, por otro, investigaciones que analizan las desventajas que enfrentan los jóvenes ante los cambios económicos y organizativos en el mundo del trabajo (Alves, 2008 & Sosa, 2021).
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Este escenario plantea desafíos directos para la educación superior. La admisión y culminación de estudios universitarios se puede considerar un factor que puede potenciar y facilitar la inclusión en el mercado laboral formal y mejorar el bienestar socioeconómico. Sin embargo, existe una tensión entre la oferta educativa y la capacidad de ingreso al mercado laboral, lo que a menudo direcciona a los recién graduados hacia la economía informal o el subempleo (OIT, 2023).
Ante la necesidad de que las Instituciones de Educación Superior (IES) diseñen estrategias para apoyar las transiciones de sus estudiantes al mundo del trabajo, esta investigación tiene como objetivo analizar la inserción laboral de recién graduados de IES en Colombia, utilizando los datos estadísticos más recientes proporcionados por el Observatorio Laboral para la Educación (OLE) y el Sistema Nacional de Información para la Educación Superior (SNIES). Este estudio, al tomar microdatos administrativos del escenario postpandemia, ofrece un análisis en función del sector institucional, nivel formativo y sexo, aportando una perspectiva actualizada sobre la inserción laboral juvenil que trasciende los estudios de caso institucionales.
La inserción laboral es comúnmente entendida como el proceso de transición efectivo desde el sistema educativo a los mercados de trabajo remunerados, idealmente en puestos afines a la formación académica, con estabilidad y oportunidades de desarrollo. No obstante, autores como Alves (2008; 2010) y Alves et al. (2012) advierten que, pese a la amplia investigación empírica, sigue siendo un concepto fluido e impreciso, carente de una definición teórica unificada. Más que un momento estático, se comprende como una trayectoria compleja de acción política y social. Para esta investigación, y en consonancia con la naturaleza de los registros administrativos analizados, la inserción laboral se concibe a partir de la participación activa de los recién graduados en el mercado formal de trabajo. Esta delimitación analítica es importante, ya que los resultados derivan de las tasas de cotización al sistema de seguridad social. Por lo tanto, aunque el estudio permite identificar variables asociadas a diversas transiciones ocupacionales de los recién graduados, deja fuera de su alcance las dinámicas de la economía informal; un sector donde también se inserta la población joven universitaria, pero que resulta de difícil medición.
En Colombia, la definición de "juventud" para efectos de política pública abarca la población entre 14 y 28 años (Refworld, Ley 1622 de 2013), aunque estadísticamente se relaciona con el rango de 15 a 28 años (DANE, 2020a). Este segmento enfrenta barreras estructurales significativas, siendo una de las más críticas la disparidad de género en la población NINI (Ni estudian, ni trabajan). A nivel nacional, el 22.5% de los jóvenes se encuentra en esta situación, pero la afectación es mayor en mujeres (15.2%) frente a los hombres (7.4%).
Investigaciones como las de Chaves y Fernández (2016) sugieren que esta desigualdad puede estar arraigada en normas tradicionales, donde la carga del cuidado y la maternidad limitan la participación de las mujeres jóvenes en la esfera productiva. Asimismo, factores como la falta de experiencia previa y el desajuste de competencias incrementan la vulnerabilidad de estos recién graduados, impactando no solo su economía, sino su bienestar psicológico (Ruiz, 2025).
Frente a los desafíos actuales, la educación superior asume un encargo social en términos de pertinencia, legitimidad y capacidad (Fresán, 2006). Las IES deben equilibrar, por un lado, la inserción en los mercados de trabajo de los graduados, y por el otro, el respeto a la autonomía universitaria en
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la formación de agentes críticos sociales. En este contexto, desempeñan un papel fundamental en la movilidad y la inclusión social, lo cual se articula a través de sus ejes misionales clave: la formación, la investigación y la extensión.
Conviene subrayar que la admisión y culminación de los estudios universitarios es considerada un factor que suele asociarse con la inclusión en el mercado laboral formal y la obtención de salarios superiores y, en suma, la mejora del bienestar de sus graduados. Adicionalmente, una sociedad con alto nivel de educación superior puede generar beneficios socioeconómicos notables, pues puede contribuir al fortalecimiento de la competitividad, la productividad y el crecimiento sostenido del país.
En ese sentido, la inserción laboral es frecuentemente interpretada como un indicador clave de la calidad educativa y el éxito profesional de los graduados, y su análisis puede permitir una mejor orientación a los futuros estudiantes en su empleabilidad, basándose en datos reales y representativos. En última instancia, una adecuada inserción laboral de los recién graduados puede fortalecer el capital humano del país, fomentando la innovación y asegurando un crecimiento sostenible y equitativo.
Se realizó un estudio descriptivo transversal basado en fuentes secundarias. La unidad de análisis fueron los registros de recién graduados de IES en Colombia. Se seleccionó la cohorte de graduados del año 2021, analizando su situación de inserción laboral en 2022, periodo que corresponde a la información consolidada más reciente disponible.
Los datos fueron extraídos del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) y del Observatorio Laboral para la Educación (OLE), administrados por el Ministerio de Educación Nacional (MEN). El OLE integra los reportes académicos de las IES con los registros administrativos del Sistema de Seguridad Social Integral del Ministerio de Salud y Protección Social, para monitorear la integración de los recién graduados a los mercados de trabajo formales. Se excluyeron del análisis los programas relacionados con el sector militar y policial que no reportan obligatoriamente sus cifras a los sistemas educativos, debido a que su dinámica de vinculación es interna y no responde a las fluctuaciones abiertas del mercado laboral general. El estudio asume la premisa metodológica del OLE (2022), donde la situación laboral se vincula al nivel educativo más alto alcanzado por el individuo.
Siguiendo los lineamientos del MEN (2019) y OLE (2022), se entiende por graduado a quien ha completado los requisitos académicos y obtenido el título; y por recién graduado a quien lleva aproximadamente un año de egreso al momento de la recolección de datos. Para el análisis, se tomaron tres indicadores principales:
Tasa de cotización: Porcentaje de recién graduados vinculados formalmente al sistema de seguridad social (dependientes o independientes).
Tipo de vinculación (cotizante): Clasificación según la modalidad de aporte: Cotizante dependiente: Con vínculo laboral subordinado. Cotizante independiente: Prestador de servicios autónomo. No cotizante: Sin registro activo en el sistema de seguridad social.
Ingreso Base de Cotización (IBC) estimado: Ingresos declarados por los cotizantes dependientes, excluyendo prestaciones sociales y otros rubros no salariales.
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Es importante precisar que la categoría de no cotizante no debe interpretarse necesariamente como un sinónimo de desocupación, desempleo o inactividad económica. Debido a que el modelo del OLE se basa en el cruce de registros administrativos de la seguridad social, la información captada se restringe exclusivamente al ámbito de los mercados de trabajo formales. En consecuencia, los graduados sin registro activo representan una población invisible para el sistema, que podría estar vinculada, por ejemplo, a modalidades de trabajo informal o al subempleo.
Para el análisis de los datos, se llevó a cabo un análisis estadístico descriptivo para caracterizar las tendencias de inserción laboral (Hernández et al., 2014). El procesamiento de los datos y la generación de tablas de frecuencia y medidas de tendencia central se realizaron mediante Microsoft Excel.
Según datos del SNIES, a corte de julio de 2025, Colombia cuenta con 367 IES activas. En cuanto a su naturaleza jurídica, predomina el carácter privado (68%) frente al público u oficial (32%). Al analizar la distribución por carácter académico, las Instituciones Universitarias y Escuelas Tecnológicas constituyen el segmento mayoritario, representando el 40% del total; esto sugiere un fuerte enfoque del sistema hacia la formación técnica y tecnológica, orientada a responder a necesidades específicas de los mercados de trabajo.
Les siguen las universidades, que agrupan el 39% de las IES. Su presencia, casi equivalente a la de las instituciones de perfil más técnico, puede subrayar la dualidad del sistema de educación superior colombiano, que busca equilibrar la formación profesional de amplio espectro con la especialización técnica. Finalmente, las Instituciones Tecnológicas representan el 13% y las Instituciones Técnicas Profesionales el 8%. Esta composición refleja una estructura diversificada, aunque la menor proporción de ciclos cortos podría tener implicaciones en la velocidad de inserción laboral para ciertos perfiles.
De acuerdo con los reportes más recientes del Ministerio de Educación Superior (2023), las IES colombianas graduaron a un total de 534.942 personas en el año 2022. Desde 2016, esta cifra ha mostrado un crecimiento sostenido, interrumpido únicamente por la coyuntura de la pandemia de COVID-19. Este aumento en la cantidad de profesionales puede representar un activo clave para la competitividad del país, bajo la premisa de que una fuerza de trabajo cualificada puede ser considerada un motor del desarrollo económico y social a largo plazo (De la Rosa et al., 2019).
El perfil demográfico y académico de estos recién graduados revela tendencias claras. En cuanto al sector al que pertenecen las IES, se observa una mayoría de ellos y ellas provenientes de instituciones privadas (56,9%), frente a las oficiales (43,1%). Respecto a la distribución por sexo, el sexo femenino representa la mayoría de la población recién graduada con un 56,5%, en comparación con el 43.5% del sexo masculino. Finalmente, al analizar el nivel educativo, el 76% de los títulos otorgados corresponde al nivel de pregrado (técnicos profesionales, tecnólogos y universitarios), mientras que el 24% restante se distribuye en niveles de posgrado (especializaciones, maestrías y doctorados).
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En Colombia, la tasa promedio de cotizantes (trabajadores dependientes e independientes) entre los recién graduados es del 77.9%. Este indicador visibiliza que la educación superior se puede asociar con el desarrollo profesional y económico de las personas, facilitando el acceso a oportunidades laborales de mayor calidad (García et al., 2019).
Por sector, las IES privadas reportan una tasa de cotización del 81,7%, superando al sector oficial (72,7%). Si bien esta diferencia puede explicarse parcialmente por la mayor representatividad numérica del sector privado. Se sugiere, además, que pueden existir otros factores involucrados en los procesos de inserción laboral. Aunque no es posible demostrar estadísticamente con los registros actuales, la literatura sugiere, por ejemplo, la influencia del capital social (Bourdieu, 2000; 2001), entendida como las redes de contactos a las que tienen acceso los estudiantes de IES privadas, a menudo vinculadas a su origen de clase social. Así como también la vinculación estrecha que las instituciones privadas suelen mantener con el sector productivo, alineando en algunos casos sus currículos con las demandas de los mercados y facilitando a través de una diversidad de estrategias las transiciones de sus recién graduados al empleo formal (Solleiro et al., 2022 & Limón et al., 2024).
En cuanto al nivel de formación, los recién graduados de posgrado alcanzan una tasa de cotización del 91,6%, frente al 73,9% de los de pregrado. Específicamente, las especializaciones médico- quirúrgicas presentan la tasa más alta (94,4%), impulsada por la demanda de atención sanitaria especializada, el envejecimiento poblacional y los avances tecnológicos. Les siguen los niveles de maestría y doctorado. Esto sugiere que la formación de posgrado es un recurso que puede favorecer el fortalecimiento y mantenimiento de la empleabilidad, representando una vía alternativa para explorar y acceder a diferentes y mejores oportunidades de trabajo (Saavedra, 2006). En contraste, la formación técnica profesional registra la tasa de inserción más baja (59,4%). A continuación, se presenta una gráfica con la información detallada sobre este aspecto (Gráfico 1).

El análisis del tipo de cotizante permite identificar diferencias en la inserción laboral de los recién graduados de IES privadas y públicas. En la modalidad de cotizante dependiente (empleo formal), el 59% proviene del sector privado, frente al 41% del sector público. Esta tendencia se acentúa en la modalidad de cotizante independiente, donde el 65% pertenece al sector privado y el 35% al oficial (público). Por el contrario, el grupo de No Cotizantes evidencia una mayor proporción de recién graduados provenientes de IES oficiales (52%), comparado con el 48% del sector privado. Según
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Muñoz (2006) y Bobadilla et al. (2024), las dificultades en la inserción para los recién graduados de IES públicas podrían estar asociadas a una combinación de factores como la heterogeneidad de perfiles socioeconómicos de sus estudiantes, la articulación de los programas académicos con las realidades de los mercados de trabajo y la percepción de los empleadores sobre las IES públicas
El análisis de la inserción laboral tomando como referencia el sexo muestra una ligera ventaja masculina. La tasa general de inserción para el sexo masculino es del 78.8%, mientras que, para el sexo femenino, el 77.2%. Cabe destacar que, a pesar de que el número de mujeres recién graduadas es mayor que el de hombres (como se presentó en la caracterización de los graduados), las cifras de inserción laboral son mayores para el sexo masculino. Estos resultados sugieren un comportamiento acorde con factores estructurales que pueden restringir la participación y las oportunidades de las mujeres en los mercados de trabajo remunerados (Torns y Recio, 2012 & Jiménez y Cascales, 2025).
Al desagregar la información por tipo de vinculación, se logró observar una mayor cantidad de mujeres aportando al sistema de seguridad social, un resultado congruente con su predominancia en la cohorte analizada. En términos relativos, conforman el 57% de los cotizantes dependientes y el 60% de los independientes. No obstante, el hallazgo crítico reside en su prevalencia entre los no cotizantes, donde alcanzan un 59% frente al 41% masculino. Esta diferencia sugiere una marcada división sexual del trabajo. Tal como argumentan Torns y Recio (2012) y Federici (2013), la carga desproporcionada del trabajo de cuidados no remunerado y las responsabilidades domésticas impactan significativamente la participación de las mujeres en los mercados de trabajo y en el sistema educativo (OIT, 2024b).
En relación con los ingresos salariales provenientes del IBC declarado, los resultados indican asociaciones diferenciadas entre los sexos (Gráfica 2). En los rangos salariales bajos y medios (desde 1 hasta 6 SMMLV), el sexo femenino tiene mayor presencia, congruente con el mayor número de recién graduadas. Sin embargo, esta tendencia se invierte en los rangos salariales más altos. En las categorías de 6 a 9 SMMLV y más de 9 SMMLV, el sexo masculino muestra una notable superioridad salarial (Gráfico 2).

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Estas diferencias en la distribución de ingresos altos pueden ser consistentes con la existencia de una brecha salarial de sexo en los mercados de trabajo colombianos. A pesar de los avances en el capital humano femenino (evidenciado por el mayor número de recién graduadas), los datos sugieren que las mujeres enfrentan desafíos persistentes para alcanzar los niveles salariales más elevados. Aunque los datos actuales a los que se tiene acceso en los sistemas consultados no permiten hacer análisis por nivel educativo y sexo simultáneamente, estudios previos en el contexto colombiano como los del DANE (2020b) y la OIT (2025) han señalado que, aunque una parte de la brecha salarial puede atribuirse a diferencias en horas trabajadas o tipo de ocupación, otra parte de ella puede persistir incluso cuando se controlan variables como la educación y la experiencia. Esto sugiere la existencia de otros factores, como por ejemplo la segregación ocupacional horizontal y vertical y la discriminación en la contratación y promoción. Investigaciones en la región (Meza, 2018; Alcaraz- Marín & Vásquez, 2020) han respaldado la afirmación de que la inserción de mujeres en los mercados de trabajo no se traduce equitativamente en remuneración, particularmente en los puestos de mayor jerarquía, cuestión que algunos autores han denominado techo de cristal (o glass ceiling).
Los resultados de este estudio permiten identificar que, pese a la incertidumbre y las altas tasas de informalidad características del contexto latinoamericano, la educación superior en Colombia sigue constituyendo uno de los principales mecanismos asociados a la movilidad socioeconómica y al acceso a los mercados de trabajo formal. La obtención de un título académico puede no solo validar competencias, sino también transformar sustancialmente las oportunidades de vida de los individuos, cumpliendo así el encargo social de las IES.
Sin embargo, esta posibilidad de movilidad no es homogénea. Se logró evidenciar una estratificación marcada por dos factores. En primer lugar, el nivel de formación: el posgrado aparece asociado a mayores índices de inserción laboral formal, sugiriendo que la especialización avanzada, a menudo complementada con experiencia previa, puede constituir una vía más segura para el acceso a mejores oportunidades de trabajo. Y en segundo lugar, la tendencia favorable de los recién graduados de IES privadas sobre las oficiales sugiere que la inserción laboral podría no depender exclusivamente de las competencias cognitivas, sino estar mediada por factores externos como las redes de contacto y el capital social.
Un hallazgo relevante es la persistencia de una tendencia de desigualdad por sexo. Existe una paradoja en la educación superior colombiana, donde las mujeres representan la mayoría de los recién graduados de las IES en Colombia, pero una minoría respecto a los ingresos salariales (menos ingresos altos). Esta brecha no puede atribuirse solo a variables de educación o experiencia, sino que también es consistente con factores estructurales como la segregación ocupacional y la discriminación laboral, como se ha visibilizado en diversos estudios y por instituciones como Naciones Unidas a nivel mundial. Asimismo, la mayor prevalencia de mujeres en la categoría de no cotizantes subraya el impacto que podrían tener las barreras estructurales y los roles de género tradicionales, particularmente la carga del trabajo de cuidado no remunerado, que puede llegar a limitar en algunos sectores su participación en la esfera económica formal. De aquí que desde la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible se promueva la igualdad de género, el trabajo decente y la equidad salarial.
Para futuras investigaciones y desarrollos de política educativa (coordinados por gobiernos, empresas, organizaciones y sociedad civil), los resultados visibilizan la necesidad de que las IES y los organismos
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estatales adopten un enfoque de gobernanza activo, interseccional y diferenciado en las estrategias del tránsito entre la formación universitaria y la inserción en los mercados de trabajo, como por ejemplo en las prácticas profesionales, y acompañamientos en empleabilidad. Se torna prioritario profundizar en las modalidades técnica y tecnológica, cuyos recién graduados experimentan transiciones más complejas hacia el mercado formal. El reto de las agendas investigativas y gubernamentales consiste en trascender la noción de la empleabilidad basada en el mero acceso formal al mercado de trabajo. El desafío central para el desarrollo socioeconómico equitativo subyace en formular mecanismos de acompañamiento que reconozcan otras modalidades de trabajo y que garanticen la equidad salarial y la igualdad de oportunidades en las trayectorias de carreras ascendentes —tanto en el empleo tradicional como en formas autónomas de trabajar— para todos los recién graduados, independientemente de su sexo o del sector de su institución de origen, como pilar de un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo.
Para finalizar, es necesario reconocer las limitaciones metodológicas de esta investigación. Al ser de un estudio descriptivo transversal que analiza registros administrativos de una única cohorte, no es posible establecer relaciones causales entre las variables analizadas, ni rastrear un desarrollo longitudinal de las trayectorias laborales de los recién graduados. De igual manera, teniendo en cuenta que los datos del OLE se basan en el sistema de seguridad social, existe un registro inherente de las dinámicas del trabajo informal, las cuales quedan subsumidas dentro de la categoría de "No cotizantes", que no se logra desarrollar. Finalmente, el estudio carece de la inclusión de variables socioeconómicas micro (como el estrato socioeconómico o el origen familiar) y de una desagregación específica por áreas disciplinares, elementos que en futuras investigaciones permitirían una comprensión más holística del fenómeno.
Fátima Díaz-Bambula: Doctora en Psicología de la Universidad del Valle, Colombia. Docente Universidad del Valle, Cali, Colombia. Grupo de Investigación en Psicología Organizacional y del Trabajo, Universidad del Valle. Correo electrónico: fatima.diaz@correounivalle.edu.co
Guillermo Murillo-Vargas: Doctor en Administración, Universidad EAFIT, Colombia. Docente Universidad del Valle, Cali, Colombia. Grupo de Investigación Humanismo y Gestión, Universidad del Valle. Correo electrónico: guillermo.murillo@correounivalle.edu.co
Angélica María Londoño-Moreno: Doctora en Psicología, Universidad del Valle, Colombia. Docente Universidad del Valle, Cali, Colombia. Grupo de Investigación en Psicología Organizacional y del Trabajo, Universidad del Valle. Correo electrónico: londono.angelica@correounivalle.edu.co
Los autores declaran no tener conflictos de intereses.
Los autores han participado en la redacción del trabajo y análisis de los documentos.
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